
- “Ojo al cruzar, y si se va la pelota a la
Avenida, que la busquen los mas grandes”, era lo último audible de la frase
antes del golpe de la puerta al cerrar.
La Avenida, era la General Paz, “la
gene”; y los mas grandes, los que tenían que ir en lugar mío a buscar la pelota
si se iba a la avenida, debían tener como 5 o 6 años, igual había otros mas
grandes todavía.
200 metros y llegaba, pero había
que ir corriendo para llegar mas rápido; había que llegar lo antes posible al
campito, ahí estaba todo. Los Amigos.
En el campito estaba seguro,
estaba confiado, no me podía pasar nada, estaban los amigos. ¿Qué podía pasar?
Nada.
En el campito se podía hacer
todo, no había nada que no se pudiese hacer, jugamos a la pelota, y éramos
jugadores de la primera de Boca, o de la selección. No retorcíamos en una
pirueta en el aire y caíamos de espalda en la tierra, pero resultaba ser la
mejor “chilena” que se había visto en la historia; hacíamos goles de “palomita”,
en ese intento de cabecear en el aire cuando en realidad estábamos en el suelo
y a la pelota le pegábamos con la nariz; pero a la noche, cuando no acordábamos
de esa jugada, el recuerdo era como flotando en el aire, suspendidos en el
tiempo y dándole a la pelota con todo el parietal derecho de lleno. Nunca nadie
había hecho algo así. ¡Qué Golazo!

Duró poco, lloramos mucho,
perdimos demasiado.
Seguimos como pudimos, pero todo
el tiempo parecía que no podíamos seguir.
La alegría era una palabra para
el uso individual, o mejor dicho uso compartido pero de carácter privado, de la
vida de uno y la de los afectos; pero alegría colectiva; sólo de a ratos; en esos 30 años que parecían
que marcaban la forma de lo que iba ser siempre así.
Hermoso.
Y sí. Un día volvió la alegría pero muchos no se permiten creer en ella, sentimiento de culpa heredado de vaya a saber quienes. Idiosincracia del desánimo y del nunca podremos. Exitismo y fatalismo a la vez. Misterios de los argentinos.
ResponderEliminarGracias Silvia, tener un "otro" que se interese en opinar es una forma de reafirmar "uno" que, la idiosincrasia, así como es una conducta adquirida, se puede transformar, y el nunca podremos se va transformando en "vamos pudiendo", o "vamos intentando poder". Y como vos bien sabes, no es fácil, pero se puede, y entre el poder y no poder lo único que media es la consciencia de cada uno, que hace mover la voluntad y dedicarle a la transformación, un poquito de lo que tenemos, tiempo, alegría, algún conocimiento, amor, contención a quien la necesita y "lo que pinte" como dicen los chicos. Lo raro, lo que parece paradójico pero no lo es; es que ofreciendo lo que tenemos, nos transformamos a nosotros mismos, y, esa sensación, también vos los sabés, es difícil de explicar, hay que experimentarla.
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