sábado, 21 de septiembre de 2013

Naturalmente cautivo

Nada tan apaciguador de mi espíritu como el suave tintineo del correr del agua, en un entorno que, por demás demuestra la exuberancia de la naturaleza; sonidos, colores, olores, brillos y sombras. 

Deslizarse con suavidad, como un elemento mas de la naturaleza,  dejando que ella disponga del rumbo y el destino, es un placer adicional.

Después de un tiempo; imposible determinar cuanto, el entorno parece inmutable en la extraña paradoja de no repetirse nunca.

Sigo mi viaje; en una sucesión de imágenes únicas, una película que sería envidia del mejor director, una sola toma para cada situación. Sigo mi viaje. Solo.

¿Sólo?

Los pájaros abundan, y mas abundante aún es su regalo sonoro, colaborando el viento al acariciar las ramas de las casuarinas, algún pez que de tanto en tanto se oxigena en una breve excursión a otro medio, el ladrido lejano de un perro, gozando en una casa mas lejana aún; de esta película mía de la que no tiene conciencia.

El sol declina, señalando inexorablemente que la tarde es ahora anfitriona, directora de iluminación y administradora del tiempo. 

La costumbre, los hábitos, dicen: -hay que regresar-, cuando todo mi ser quiere seguir continuando, continuar siguiendo; es que no quiere volver.

Clavo el remo a estribor, la canoa vira, desando la película y regreso hacia el principio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario