El martes 2 de abril de 2013,
pasó sobre la ciudad de Buenos Aires y el área metropolitana una tormenta de
gran magnitud, con la particularidad de que produjo fuertes precipitaciones en
volumen de agua caída y en un breve lapso de tiempo, fenómeno que provocó la
inundación de buena parte de la superficie de la ciudad y de áreas del
conurbano bonaerense. Horas mas tarde el fenómeno meteorológico se trasladó con
mayor intensidad a la ciudad de La Plata y zonas aledañas, causando mayores y
mas lamentables daños.

En el territorio mencionado,
habitado por los grupos a los que hice referencia, lo que aparece después de la
inundación, es una identidad; la de habitante de una cuenca, la cuenca del
Arroyo Cildáñez; que en relación a las otras cuencas tiene algunas
particularidades: a) es el único arroyo
de la ciudad que aún mantiene parte de su curso a cielo abierto; b) se sitúa en
la región de menor inversión de obra pública de la ciudad y c) es una cuenca
invisibilizada en relación a las del Arroyo Maldonado, el Arroyo Medrano y el
Arroyo Vega; situadas en el centro y el norte de la ciudad.
El “¿por qué?” de este caso, y
no de otro en el cual presentar un ejemplo de cultura y otro de identidad, para
mostrar sus diferencias; es que entiendo que este caso, en el cual se describe
el proceso de formación de una determinada identidad en un contexto particular,
se pueden apreciar las diferencias, pero también la prexistencia de expresiones
de cultura, a la de identidad aquí
planteada, y fundamentalmente lo que pretendo señalar, en relación a algunas de las varias
consideraciones teóricas del texto de Grimson, es que hay una correspondencia
entre una y otra.
Estas correspondencias, ya que
entiendo pueden ser mas de una, podrían verse por ejemplo en el sentido de que
la apelación a esa identidad después del episodio, no surge de manera
espontánea, de la totalidad de las personas que luego se integran, ni en toda
la superficie del territorio en cuestión; la apelación, es a una construcción
identitaria, y es hecha por un grupo, podría decir un pequeño grupo en relación
a la cantidad de personas que hoy se identifican como habitante de la cuenca, y
que lo hacen desde sí, y eso incluye también desde su cultura, aunque esta
correspondencia no sea “permanente y sistemática,
entre identificación y cultura”. Grimson 2011; p.155.

Otra forma de relación entre
cultura e identidad, y siempre hablando del ejemplo presentado, es que la
identidad que se construye, se utiliza para poner en tensión diferentes
intereses, muchos de los cuales han sido naturalizados en prácticas y creencias
que adoptan “formas culturales” de enfrentar determinados conflictos, que
además son alentadas desde el poder político,
como que ante una inundación, los afectados respondan culturalmente a
través de los canales institucionales establecidos, por ejemplo la queja, el pedido de
indemnización, la solicitud de subsidio o apoyo social, y otros mecanismos
institucionalizados de la burocracia que, una vez abierto el expediente
correspondiente, naturalizan que el problema pasa a ser, el avance del
expediente, y la resolución al mismo, invisibilizando así, ocultando el
verdadero problema, la inundación y sus consecuencias, por falta de planificación, mantenimiento e
inversión en obra pública. Esta situación puntual me parece importante remarcarla,
ya que el proceso de construcción identitaria se da al tiempo que se desnaturalizan
sentidos estatales; situación en la cual el autor advierte, los cientistas
sociales no deberían incorporar dichos sentidos a sus prácticas. Grimson 2011; p. 196
Desde este ángulo, y en este caso, la identidad, la
identificación de pertenencia a un grupo, juega además, el papel de asumir la
construcción de “nuevas formas” de cuestionar la “cultura oficial”, dejando de
lado la queja para dar espacio a la participación colectiva en políticas
públicas, interpelando a los organismos específicos del poder político y a
otras organizaciones de la sociedad, a integrarse en la búsqueda de la solución
real de los problemas pues, “los grupos
pueden identificarse públicamente de cierto modo (y no de otros) para presentar
sus demandas; y porque el conflicto social (que es inherente a toda
configuración) se despliega en ciertas modalidades mientras en otras permanece
obturado.” Grimson 2011; p. 173.
A manera de conclusión de este punto se podría decir que las pertenencias identitarias no son definidas principalmente por el territorio, o por una cultura, sino por una pertenencia común, esta pertenencia, puede ser de adopción a un conjunto de valores. El concepto de identidad, alude precisamente a que los actores sociales, en el marco de la realidad cotidiana, disponen siempre de cierto margen de maniobra para adoptar su pertenencia identitaria.

Las pertenencias (adopciones) identitarias no son “naturales”, son producto de incesantes procesos de construcción, en los cuales se articulan la igualdad y la diferencia; para la propia identificación, y en la relación con los otros, e implica lo que el sujeto toma de su realidad, como modo de adopción de una identidad colectiva. Ya no es la nacionalidad o la cultura, en este caso, lo que determina la identidad de un sujeto; sino como se posiciona en relación a otros sujetos o al resto de la comunidad, esgrimiendo sus condiciones objetivas; su condición de inundado, con prácticas propias de esta identidad, y no de otras.
De
manera que las identidades sociales son construcciones que se encuentran
sujetas a la dinámica de las relaciones sociales en las que se inscriben, y son construidas por los actores sociales a
partir de enfatizar algunos rasgos.
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